Conocimiento en Red vs Conocimiento en Jerarquía

¿Qué haces mientras esperas a que hierva el agua para poder echar la pasta? 

¿Te estresas al ver más de 2 personas en la cola del supermercado? 

¿Sabías que el 91,8% de los españoles utiliza el móvil en el baño?

¿Sabías que 90 minutos es lo que espera una persona antes de estresarse por no recibir repuesta a un mail “importante”?

Si, nos hemos vuelto impacientes. Si, la culpa es de la tecnología. 

El 4 de septiembre de 1998 es una fecha clave para nuestra sociedad. Ese día nació Google. Un sistema sencillo de búsqueda en internet que democratizó el acceso al conocimiento para el mundo. Disponemos de enciclopedias, noticias, vídeos, artículos de opinión, opiniones de personas como nosotros y un largo sin fin de contenido, de manera automática y accesible para cualquier persona que tenga acceso a la red. Esta disponibilidad tiene su opuesto en la necesidad de obtener la respuesta a nuestras demandas lo más rápido posible y en la frustración por no obtenerlas en el tiempo y forma que consideramos adecuados.

Más de 20 años después, nuestros hábitos de comportamiento ya no son los mismos y eso afecta a nuestra vida laboral. Somos la generación de la productividad y de la eficiencia. Somos la sociedad del conocimiento en red, sin embargo, en las empresas sigue funcionando el modelo de conocimiento en jerarquía, lo que nos provoca estrés.

Si la persona que te tiene que decir la hora no está, nadie te la dirá.

Cuando necesitamos información o respuesta para continuar con nuestro trabajo, la práctica habitual es solicitar esta información a la persona o grupo de personas que consideramos que conocen la respuesta. Utilizamos el mail, el teléfono, las aplicaciones de mensajería, etc. 

Nuestro cerebro asume como expertos a aquellas personas   a las que demandamos información. Si el demandado no conoce la respuesta, iniciará el proceso de nuevo y así sucesivamente hasta encontrar quien la posea. 

Estos tiempos de espera generan frustración en los trabajadores, ya que no obtienen una respuesta inmediata a sus demandas. A la vez, se valora mejor a las personas que abandonan lo que están haciendo y nos contestan. Esto provoca nueva frustración ya que implica dejar de hacer nuestro trabajo para responder a otros para poder estar integrados y como consecuencia más estrés.

En la matriz de Eisenhower para lo importante y lo urgente, debemos acometer en tercer lugar las tareas relativas a estas demandas de información. Sin embargo, en la práctica real se convierten en la mayor parte del tiempo de trabajo.

No basta con relegar las tareas a una posición concreta, si mostramos empatía por los demás entendemos que, si carecen de la respuesta para continuar su labor no pueden ser eficientes y por lo tanto generan frustración.

Si como sociedad nos hemos acostumbrado a disponer de respuestas inmediatas. ¿Por qué no esperar lo mismo en nuestra vida laboral? ¿Por qué no podemos preguntar a la red?

El conocimiento no está en las personas, está en la organización.

En Google no es un almacén de información, sólo es el buscador.  El contenido que nos da es la suma de las aportaciones de muchos individuos o empresas a la red. Estas personas poseen conocimientos que ponen a disposición de los demás miembros de la red.

Las organizaciones son muy parecidas, un conjunto de personas o grupos que poseen conocimientos. El problema viene cuando no tenemos manera de ponerlos a disposición de los demás o de no existe un buscador que permita encontrar esos conocimientos. 

La primera barrera que nos encontramos es la cultura de la propia empresa. Son tan necesarias las herramientas que permitan traspasar el conocimiento de las personas a la organización como la voluntad de hacerlo. Debemos entender que las dudas de una persona pueden ser las de muchos, si la respuesta está en la red, todo el mundo tiene acceso a ella. 

Las palabras validación o experto deberán ser sustituidas por colaboración y moderador. 

Google ha ido mejorando su algoritmo con un único fin, que las personas encuentren lo que están buscando lo más rápidamente posible. Las organizaciones deben asumir ese mismo propósito, poner a disposición de sus miembros y de sus clientes la información necesaria en el menor tiempo posible. 

Pero no todo es el buscador, las redes sociales también nos ayudan a resolver nuestras dudas o buscar información. Cuando las consideramos como herramientas internas de comunicación las enmarcamos en la generación de   buen   ambiente o de tablón de anuncios. Sin embargo, pueden convertirse en herramientas internas donde podamos preguntar a toda la organización y recibir respuestas de las personas que estén disponibles y conozcan la respuesta. 

Si no me contestan, voy a buscar la respuesta

Cuando no encontramos la respuesta en el tiempo esperado nos lanzamos a buscarla. Llamamos por teléfono, usamos las aplicaciones de mensajería instantánea, volvemos a escribir un mail o simplemente nos levantamos hasta la mesa o despacho de quien puede tener la información que necesitamos. 

La pandemia que estamos sufriendo nos ha obligado a trabajar desde casa y nos ha quitado la posibilidad de interactuar con nuestros compañeros en la oficina. Por ello, hemos trasladado a las reuniones o videollamadas todas estas demandas de información sin caer en la cuenta de que estamos limitando el tiempo de trabajo real. Sin saber cómo, estamos trabajando más horas y menos productivas. 

Somos eficaces puesto que conseguimos hacer nuestro trabajo, pero no eficientes, ya que consumimos más tiempo para poder obtener la información necesaria y resolver. 

Si verdaderamente queremos teletrabajar de una manera eficiente, necesitamos una cultura corporativa de colaboración y las herramientas adecuadas para poner el conocimiento a disposición de todos.  

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